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Colección de placeres y descubrimientos

Por Julio Nudler

Con este cuarto fascículo en la calle, es hora de oficializar que la colección quedará recién completa con el próximo, el quinto, cada uno con su CD. Junto al placer de estar construyendo esta obra, experimentamos ese otro de sentir que es bien recibida, que se reconoce el ejercicio de libertad y búsqueda que practicamos todos los que hacemos La Marcha.

El primer peronismo es un fenómeno complejo, y es mejor admitirlo que adoptar posiciones prejuiciosas y excluyentes. La música nos ayuda a digerir la información, y ésta, junto al análisis de aquellas circunstancias, nos torna explicable la historia. No elegimos un trayecto lineal, y nos divierte introducir guiños.

Por ejemplo, presentar a un Hugo del Carril absurdamente tieso y artificial en un diálogo propagandístico, de penosa redacción, para luego mostrarlo en la grabación de una can cioncita de moda, además de contar aparte, en las páginas finales, cómo ese mismo Hugo divertía a otros músicos cantando letras obscenas que Luis Rubistein garrapateaba sobre el molde de tangos célebres. Ya habíamos sugerido algo similar con Sofía Bozán, que era presentada como una hacendosa ama de casa, fervorosa del Segundo Plan Quinquenal, pero irreconocible respecto de la auténtica Negra Bozán, que por ejemplo grabara "Esta noche me emborracho".

No está de más gastarle también una broma al cruel fascismo que, al menos en una pieza festiva de su folclore, enviaba soldados a Abisinia como si fuesen a un vergel, y evocar con sones bávaros y la voz de Marlene Dietrich el ominoso desfilar de los soldados de la Wehrmacht por las calles.

Mientras un texto evoca el tiempo en que los curas eran arreados en la Argentina a la cárcel, con "Tormenta", de Enrique Santos Discepolo, se plantea, en una versión de la misma época, el desgarrador dilema del creyente que ve cómo seguir a Dios es dar ventaja y sucumbir al mal. Otro tango, "Fraternal", da cuenta de otra realidad, la de los presos políticos. El comunista Ismael Spitalnik, bandoneonista y arreglador, tan cercano a Osvaldo Pugliese, compone en su celda esa pieza y la bautiza así porque se siente hermano de otros presos, socialistas, radicales y hasta conservadores. Con los años se arrepentiría de haberlos creído sus hermanos.

A su vez, el locutor Jaime Font Saravia y el periodista y radiodifusor Américo Barrios exhiben su incondicional sometimiento al general Perón, con una disposición que no deja de provocar escozor en el testigo actual, inclinado a preferir la independencia respecto del poder.

El economista Lucas Llach explica qué es un plan, para una Argentina que desde hace mucho tiempo no sabe de ellos, aunque también cuenta que el segundo no había llegado lejos cuando el líder fue derrocado. En un curioso recorte del tema, Alejandro J. Lomuto se ocupa de las instrucciones dadas para que el Plan fuera enseñado en los colegios, con especificaciones sobre cómo explicarlo en cada grado, mientras Francisco José Cabrera, maestro en aquellos años, relata su desasosiego ante la interferencia ideológica a su labor docente.

Mientras tanto, los trabajadores reciben alborozados la promulgación de sus Derechos en 1947, y las mujeres la concesión del voto. Conquistas, propaganda, una economía que crece y distribuye, hasta que después de 1948 se nubla de problemas, forzando un cambio de orientación en el gobierno. El clima se enrarece, los mensajes se crispan aun más, y no viene mal entonces la humorística evocación del radical Mario Brodersohn sobre sus tempranas experiencias peronistas.

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