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La marchita de los camaradas

Lenin y Perón, un solo corazón

Por Julio Nudler

Si el peronismo, como fenómeno político masivo, tuvo su folclore, con la marchita como canción emblemática -histórico repertorio exhumado minuciosamente en esta colección-, otros grandes movimientos de otros pueblos lo habían tenido antes, cada cual a su manera. La Revolución Francesa y el fascismo, además de la historia de "La Internacional", son casos ya tratados en estos fascículos, y ahora es el turno del comunismo. Para ello tomamos como guía un pormenorizado estudio de Orlando Figes y Boris Kolonitskii, Interpretar la Revolución Rusa. El lenguaje y los símbolos de 1917, editado por Biblioteca Nueva, de la Universidad de Valencia. Es notable el papel estimulante que jugó "La Marsellesa" en un proceso revolucionario que apuntaba a objetivos tan diferentes, aunque, quizá, no se tratara precisamente de la misma "Marsellesa"...

Lo primero que nos dicen los autores es que canciones y banderas tenían equivalente importancia en la autoorganización de la multitud revolucionaria. En particular, la entonación de canciones revolucionarias fue citada con frecuencia en los informes oficiales del gobierno, incluso los dirigidos al emperador, acerca de las jornadas revolucionarias del 24 al 26 de febrero de 1917. Los cantos de los manifestantes se hicieron en esos días cruciales más provocativos y desafiantes. En un sitio cantaban "La Marsellesa", en otro la "Varshavianka", en un tercero "Los camaradas se mantienen valerosamente unidos". Al llegar los cosacos se hace el silencio, y después comienzan a cantar de nuevo.

Cantar era la señal para una manifestación. Hacerlo daba a los manifestantes una sensación de propósito y confianza y, quizá lo más importante, levantaba su ánimo frente a la amenaza de represión sangrienta. Los que dirigían los cánticos eran el punto de referencia de la gente en los Días de Febrero. El sonido de la multitud atraía a otros a la calle y por tanto a "la revolución". Al intervenir en los cánticos los espectadores se convertían en cuestión de minutos en participantes. Las canciones unificaban a los demostrantes, otorgando cohesión y una identidad colectiva a diversos grupos y clases.

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