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El arma eficaz de Hitler y de Stalin

Por Lucas Llach

El país de más rápido crecimiento en los años iniciales de nuestro siglo, China, está en medio de su décimo Plan Quinquenal (2001-05). A esta altura de nuestra era, su existencia suena más como la boutade rétro de un burócrata pequinés que como la palanca de desarrollo económico en la que muchos estadistas del siglo XX confiaron para transformar economías relativamente subdesarrolladas en potencias de primera categoría.

En el recinto de la Cámara de Diputados todo está listo para que el presidente Perón y el ministro Mendé expongan los alcances del Segundo Plan Quinquenal.

Una de esas economías fue la de la Argentina. Como otras novedades de la política económica y de la política a secas, los Planes Quinquenales fueron la elaboración local de un Perón que, si simpatizaba poco en principio con las importaciones de bienes y con las inversiones desde el exterior, era en cambio un observador atentísimo de lo que ocurría en el mundo cuando se trataba de incorporar ideas para el ejercicio del gobierno.

Como muchos contemporáneos, el creador del peronismo, que había conocido de primera mano la dura experiencia económica europea de la Gran Depresión de los años ’30, veía en la intervención estatal una manera natural de estimular la economía y combatir el desempleo.

Cualquiera fuera su opinión en otros aspectos sobre la Alemania de Hitler y la Unión Soviética de Stalin, en economía Perón tenía buenas razones para admirar ambas experiencias: tomando un valor de 100 para el producto bruto de cada país en 1929 -justo al comenzar la Depresión-, en 1937 Francia se ubicaba en 96 y Estados Unidos en 98, mientras Alemania (con una mayor presencia estatal en la economía que sus enemigos de la Segunda Guerra) llegaba a 116 y la Unión Soviética -según cálculos menos fiables- alcanzaba a 167. Era difícil no arribar al corolario de que a mayor intervención estatal, menor era el impacto de la Depresión (casos como el británico, de razonable desempeño durante los años '30, no alcanzaban para revertir esa conclusión).

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