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Lucha sindical y política en Berisso

De carne somos

Por Julio Nudler

Finalmente, con el triunfo peronista de febrero de 1946, los obreros sindicalizados lograron su inclusión en los debates del poder. También los trabajadores de los frigoríficos de Berisso sintieron, como nunca antes, que eran protagonistas. Una obrera recuerda: "En tiempos de Perón, Berisso era una hermosura". Otro asegura que "con Perón llegó la justicia social". Lo cierto es que se había abierto una etapa de coexistencia del consenso político y los conflictos laborales, una faceta contradictoria, rica en tensiones y ambigüedades.

Dirigentes sindicales de la carne, en 1945. De izquierda a derecha: José Palmentieri (Rosario), José Presta (Avellaneda), Cipriano Reyes (Berisso), Manuel Reche (Berisso) y Eleuterio Cardoso (Avellaneda).

Este párrafo inicial es una versión algo libre del comienzo de un capítulo de La vida en las fábricas, subtitulado Trabajo, protesta y política en una comunidad obrera, Berisso (1940-1970), de la historiadora Mirta Zaida Lobato, editado por Prometeo Libros, cuya segunda edición acaba de aparecer. Lobato es una escritora ya conocida por los lectores de La Marcha, pues en el segundo fascículo aportó un valioso trabajo sobre las reinas del trabajo, elegidas cada primero de mayo a partir de 1948.

La autora nos explica que Berisso y sus fábricas, que habían sido una babel cosmopolita, "lo extranjero", tras finalizar la Segunda Guerra Mundial vieron aumentar el peso de "lo nacional", "lo propio", tanto frente a su pasado fragmentado como a la empresa extranjera. Terminado el conflicto bélico, la demanda exterior dirigida a los frigoríficos disminuyó y éstos comenzaron a despedir trabajadores. El gobierno intervino en el proceso, subsidiando a las compañías para que indemnizasen a los cesantes, que con ese dinero podían independizarse como pequeños comerciantes o trabajadores por cuenta propia.

Sin embargo, la precarización del trabajo se acentuó: entre 60 y 80 por ciento de los asalariados permanecían en sus puestos entre tres meses y un año. A veces la cesantía era sólo una maniobra patronal para evitar la efectivización: al día siguiente de echados, los mismos trabajadores iniciaban otro período a prueba, sin estabilidad. Era el apogeo del trabajo temporario. Los obreros organizaban protestas, con paros parciales, que también reclamaban contra las durísimas condiciones de trabajo. Esas acciones de fuerza solían ser mal vistas por los sindicatos orgánicos, incluida la Federación de la Carne, que las denunciaban por "destruir la unidad sindical".

En diciembre de 1948 se efectuaron paros en el frigorífico Swift porque la empresa desconocía las disposiciones de la Dirección General de Contralor y Policía Sanitaria del Trabajo, que establecía la jornada de seis horas para la estiba de cuero cuando pululaban larvas. Así, la disposición de un organismo público daba pie a una medida de lucha. La novedad era que se discutía en torno de la noción de salubridad, que tiene carácter preventivo, y no sobre la de enfermedad, que lleva a actuar a posteriori.

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