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De Woody Allen a Mauricio Kagel

¿Hacia dónde marchan las marchas?

Por Marina Cañardo

Cada vez que escucho a Wagner, me dan ganas de invadir Polonia", dijo alguna vez Woody Allen. La ironía de la frase no debería relativizar la verdad que contiene respecto de dos características de la música. La primera es su poder persuasivo. La divulgada sentencia de que "las orejas no tienen párpados" es otra forma de reconocer la importancia de lo que llega a nosotros por los oídos. El impacto resulta en apariencia menos eludible y más eficaz que aquello que percibimos por los otros sentidos. Pero también hay en la afirmación de Allen una segunda cuestión estrechamente vinculada con la primera: el uso político de la música. En ese sentido, no resulta ociosa la alusión a Wagner y el nazismo.

La utilización pública por parte de Hitler y sus seguidores de las obras de aquel compositor fue tan extendida que por mucho tiempo se siguió asociando su música a la nefasta manipulación nazi. El 7 de julio de 2001, el argentino-israelí Daniel Baremboim dirigió la Staatskapelle de Berlín en Jerusalén. El programa incluía obras de Schumann y Stravinsky. Al finalizar, el director propuso un debate que se extendió por cuarenta minutos sobre si se debía tocar Wagner después del nazismo. Unas treinta personas se retiraron de la sala y el resto ovacionó los dos fragmentos de Tristán e Isolda que se interpretaron. Era la primera vez que se ejecutaba Wagner en público desde la formación del Estado de Israel.

La pieza musical cuya utilización política ha resultado más efectiva es sin duda la marcha. El origen etimológico del término se remonta a la antigua Roma. Proviene del vocablo latino "marcare" y éste, a su vez, del término "marcus" (martillo). Se tiene noticia de bandas militares que marcaban el paso de las tropas en la Edad Media.

Muy emparentadas con la liturgia militar, las marchas políticas se oponen a otras manifestaciones más privadas pero igualmente estandarizadas, como las marchas nupciales o fúnebres. Su eficacia ha sido reforzada por rituales como el canto conjunto, el enarbolamiento de banderas o pancartas y el uso de percusiones o instrumentos de bronce para acompañarlas. Su utilización se registra en todas las épocas revolucionarias.

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