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Cambalauschwitz

Por Julio Nudler

Para Pierre Vidal-Naquet*, "Cambalache" es la mejor descripción que exista sobre las circunstancias del mundo en el siglo XX. Por tanto, este célebre investigador ofrece los versos que Enrique Santos Discepolo escribió en 1934 a guisa de conclusión de su libro Asesinos de la memoria, referido a ese revisionismo consistente en negar la existencia de la shoá. Además de esa versión francesa, luego se añadió otra inglesa -con traducción y prólogo de Jefrey Mehlman, profesor de Literatura Francesa en la Universidad de Boston-, cuando la obra fue editada en Estados Unidos por la Columbia University Press.

De ese modo, una pieza tan conocida para los argentinos, y estrenada por Sofía Bozán en una revista del Teatro Maipo, queda expuesta en traslaciones que la revitalizan, no sólo por el impacto que causa en cualquier rioplatense la dimensión universal que muestra poseer la creación de Discepolo, un simple "letrista" que no goza del prestigio que confiere la poesía ni merece en principio la atención académica. También sorprende que las claves de esos versos, supuestamente tan restringidos a un plano local, y tan poco aplicables en un horizonte más amplio, representen tanto para un importante intelectual francés.

Enrique Santos Discepolo escribió "Cambalache" en 1934. De esa época, en la que dirigió una orquesta que no pasó a la historia, es esta curiosa foto.

La idea ligada localmente a ese tango es que describe las condiciones de la Argentina, la corrupción de sus instituciones, la inmoralidad de sus conductas sociales, y ello más allá de la época en que fue concebido. Pero, de pronto, la idea en cierto modo tranquilizadora, según la cual los males son propios, pero más allá de la frontera existe una realidad diferente, desaparece: las hirientes descripciones de Discepolo son de validez universal.

Resulta curiosa, con todo, la elección de este tango, precisamente por las connotaciones ideológicas de esa letra del creador de "Yira, yira". Es indudable que "Cambalache" cuestiona un estado de cosas en que se han perdido y subvertido el orden y las jerarquías, y es a esa añoranza de valores tradicionales -diríase que reaccionaria- a la que sirve la metáfora de la vidriera irrespetuosa de los cambalaches en la que todo se ha mezclado.

En ese sentido, la letra no deja de reflejar ideas en boga e incluso en ascenso durante la época, cuyo sentido tal vez quede disimulado por la gran habilidad con que Discepolo las vierte, de modo que la adhesión que suscita la forma tapa el fondo. Quien escucha o entona "Cambalache" se siente tan emocionado que no puede detenerse a discernir su mensaje. Por lo demás, nadie practica en general el ejercicio de analizar ideológicamente una simple letra de tango.

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